Desde la sección “Frutas y Verduras” de un Supermercado
¿Un Chile de Verdad?
Convergen allí diferentes personas provenientes de todas las clases sociales. Para algunos puede servir como reflejo de la sociedad de nuestro Chile moderno, como el lugar para obtener una radiografía a las personas que hacen nuestro entorno, y que van desde las rubias dietéticas que miran con cara de amigas a las lechugas, hasta esas damas excedidas de peso que sueñan en algún día recuperar la figura extraviada. Todas las clases sociales, sin distingo de cuna o educación pasan por ahí.
Parientes pobres del orbe vegetal, como las entierradas papas recogidas del humilde campo chileno, hasta los ricos champiñones que crecieron con exacerbado celo en temperados criaderos. Para que hablar de las paltas, bellas damas dignas de pleitesía, tanto por su sabor como por su precio, sin duda las reinas del lugar. El resto de la lista noble de frutas y verduras son mudos testigos de los seres que por ahí transitan.
Muchos viejos, jóvenes y niños; muchas conversaciones farsantes e hipócritas entre jefes y empleados; muchos celulares; muchas señoras estucadas con maquillaje; muchos hombres tirando el carro o llevando la canasta, dependiendo del presupuesto. Muchas mujeres mandando. Sí, definitivamente en este clima que huele a verde fresco, ellas son las que se imponen, como en casi todo lo que tenga que ver con lo que pasa dentro de las cuatro paredes de una casa, siendo francos.
En fin, por ahí pasan ricos y pobres, rastas y cuicos, universitarios y trabajadores, gordos y flacos. El conjunto lo hace ser un lugar especial, quizás porque da mayor frescura o quizás porque se respira mejor aire, más oxigenado y fresco, quizás porque es espacioso, o por lo iluminado que está. Inserto en supermercados que desobedecen la regla de los criollos mercados y ferias y me hacen creer por un instante, por un solo, que estoy en una ciudad de Europa o Estados Unidos. Quizás por esa maldita tendencia a ordenar la fruta para que se vea más limpia.
Esto, perdónenme, no tiene nada que ver con las ferias y mercados. ¡NO! Esos lugares son para otros. Para los que añoramos el Chile que se va, y que suele volver en septiembre, con la chicha y la empanada, con la cueca y la cumbia. Con ese Chile que tanto me gusta y que he llegado a amar en mi destierro en este país de mentirosos, que no se parece en nada a MI país del pasado, al de las revoluciones. Este Chile pretende ser una mala copia de los países del norte.
1 comentario:
Me acuerdo cuando me leiste este texto y te dije es hora de ponerlo en el Incendio. No sé si el tema, el tratamiento y el orden de las ideas es lo mejor, pero lo sentí muy acorde a una realidad que tb evidencié en ese momento.
Hoy ha pasado mucho rato de que los escribiste, y desde que lo leiste aquel día en aquella ciudad tb, pero espero que no olvides las cosas que sentiste en ambas situaciones, porque si bien difieren hay algo que las une.
Lo único es que una se vivió y la otra se dejó pasar.
pd: posteado el día que no querias saber del mundo.
Un beso
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